Mi Zona de Incomodidad

Mi zona de confort me estaba matando.

No importa tu edad: 20 o 50 u 80: tu mejoras y disfrutas la vida cuando te avientas al lado profundo de la alberca, nadas por tu vida y sobrevives. VIVES!

Incluso por un solo día.

He estado intentado aprender a hacer comedia. He admirado esa habilidad por 30 años. Ahora quiero aprenderla. He estado intentándolo en clubs. Es DIFÍCIL. 60 distintas micro-habilidades que aprender.

Pero quise dar un paso adelante más audaz.

Presentarme ante una audiencia que en lo absoluto está esperándote, e intentar hacer comedia ante ellos.

Y así me subí al metro…

El beneficio: tratar de estar aún más cómodo comunicándome delante de desconocidos tratando de obtener una respuesta específica (risas). Lo quieran o no.

Y también quería afinar mis líneas de comedia.

No puedes contar una historia en un vagón del metro. Debes de tener líneas rápidas que sean divertidas. Está es una habilidad que necesito aprender. Una debilidad.

En los años 50s, el campeón mundial de ajedrez, Mikhail Botvinnik, odiaba el humo. LO ODIABA.

Y se puso a jugar partidas de ensayo mientras le aventaban humo en la cara todo el tiempo.

Cuando el golfista Tiger Woods era niño, su padre le lanzaba pelotas de golf mientras el se concentraba para pegarle a una pelota.

La zona de INcomodidad no consiste en experimentar dolor.

La felicidad y el bienestar también están fuera de la zona de confort. Debes de viajar a tu zona de incomodidad para encontrar los detalles preciosos ocultos. El misterio.

El beso por el que rezo solo sucede sí me inclino y lo pido.

Y así es que hice comedia en el metro.

Me subí al vagón por primera vez en diez años.

Estaba aterrado. Y una vez ahí pensé que había CERO probabilidades de que empezara a hablar.

“Por favor” -pensé- “Por favor, por favor, por favor, permíteme superar mi miedo”.

Estaba la chica con sus audífonos, el hombre leyendo, los vagos platicando, las estudiantes cuchicheando y otra docena de personas, y yo.

Nadie mirándome. Nadie queriendo ser interrumpido.

Me dije, “No hay manera de hacer esto. Es una pérdida de tiempo.” Y me alisté para bajarme en la siguiente parada.

Entonces, me dí cuenta, porqué no hacerlo? Que puede pasar? Ni siquiera estoy tratando de hacer a la gente reír. Solo quiero hacerlo.

Y lo hice.

Me fuí de vagón en vagón en cada parada ofreciendo comedia desde la calle 42 hasta el puente de Brooklyn y de regreso.

Una broma: “Ordené un Uber Pool y me mandaron este vagón del metro con todos ustedes adentro.”

Otra broma, “Debía tomar el Seis y medio para llegar a Hogwarts pero me subí al Seis por error. Alguien puede ayudarme?”

Otra: “Sí este vagón está viajando a la velocidad de la luz y yo estoy viajando a la velocidad de la oscuridad… cuando voy a volver al pasado?”

Aprendí que divertirse y sonreírle a la gente es tan importante como hacerla reír.

Ser agradable es una habilidad difícil, particularmente cuando todos quieren odiarte.

El terror no es divertido. Es dolor. Pero cuando lo empujas y avanzas, estás en un mundo nuevo. Un mundo que nunca habías explorado antes. Es un misterio, un laberinto, un juego, una obra.

La felicidad está fuera de mi zona de confort. Todos los días.

Y ahora estoy feliz.

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